NOVELAS
El Libro de los Sueños
Es una trilogía que cierra el ciclo de “Jonás el Pintor”, “Las puertas del poder” y “El Reencuentro”
Donde el entretejido del arte con el poder encuentra finalmente el desenmascaramiento y los entretelones de un reencuentro insospechado.
Entonces invocaron a Yavé y le dijeron: “Oh, Yavé, no nos hagas perecer a todos por causa de este hombre ni nos consideres culpables de su muerte, ya que tú, Yavé, has obrado todo según deseabas”. Luego, llevando a Jonás lo tiraron al mar y el mar calmó su furia. Yavé ordenó a un Pez que tragara a Jonás y Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez.
Se fue. Con toda su vida y su alegría encerrada en madera. Se fue; con su amor intacto, ante un murmullo de voces de lamento. Se fue. Dejando una carta invisible bajo la almohada, con palabras transformadas en tulipanes y girasoles, sembradas en fértiles prados musicales. Se fue dejando que el olvido la llevara nuevamente hacia la nada, entregándose al recuerdo. Inés era así: sobria, hermosa, virtuosa. El rostro en permanente alerta, exhibiendo ojos vivaces, inquietos, punzantes que miraban con cierta desconfianza. Su nariz recta, pequeña, con dos orificios delicadamente dibujados, contrastaba con la boca de labios carnosos, incitantes y sensuales, capaces de besar con pasión y también hablar con esa fogosidad discursiva que la caracterizaba. Cuello delgado y espigado. Hombros redondeados bajando en perfecta armonía al nacimiento de hermosos……
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“Todos sus bienes no declarados, quedarán para siempre libres de impuesto e investigación. Ningún acto de gobierno podrá ser investigado ni cuestionado.”
Grabación: “Que mis ciudadanos sepan que no habrá un solo funcionario que pueda librarse de las investigaciones por el mal uso de los dineros públicos. Asumo esta responsabilidad con total claridad de las consecuencias que ello implica. Investigaré a todos quienes estén sospechados de haber delinquido. Mis bienes serán conocidos en forma pública antes de asumir y al dejar el poder; el pueblo podrá investigar cada peso de mi patrimonio. Quiero un gobierno transparente”.
— Vas a tener oposición de la Iglesia, Apolinario -dijo
Alticia.
— Ninguna de ellas se opondrá. Tal vez tengan algunos curas díscolos, pero la Institución estará de mi lado, todo tiene arreglo. Por otra parte, recuerda que haré profundos cambios. “La Iglesia, hasta la fecha dependiente del Estado, quedará liberada. Sus templos, patrimonio y servicios serán donados al Gobernante. Los sacerdotes actuales pasarán a retiro permanente, los novicios serán sastres. Las monjas serán clasificadas y, según el puntaje obtenidas, tendrán su destino. Adorarán sólo a la familia Del Manchón; para ello, todas las estatuas y retratos de la iglesia tendrán su rostro.”
Grabación: “En mi gobierno habrá libertad de cultos como forma de ratificar mi compromiso con los credos. Los bienes de la Iglesia serán respetados y acrecentados. Los sacerdotes y las monjas han sido siempre mi ejemplo de vida, y el privilegio que me han concedido ustedes de ser el conductor de este país, no modificará mi postura hacia la Iglesia”.
— Quiero cenizas, Alticia, el mundo es ceniza, nosotros también -reflexionó Apolinario.
“No habrá cárceles o cementerios. Todos serán cremados por decreto. A los deudos se les entregará el número del finado, y la fecha de ingreso. Nunca figurará la causa de muerte y se anulan los certificados de defunción.”
— ¿Para qué quieres saber de qué mueres, Elodia? Lo importante es saber para qué vives -agregó.
“El Dictador programará sus salidas a la localidad que él desee, y todas las viviendas que tengan ventanas deberán cerrarlas a su paso, las puertas selladas, y nadie puede ver de frente al Gobernante, tampoco de reojo.
— Ya me cansé de tantas lecturas y explicaciones -concluyó
Apolinario.
— Te admiro, Apolinario, siempre admiré tu fuerza y tus odios, yo también los tengo pero prométeme que me tendrás a tu lado siempre, y que escucharás mis consejos y palabras, recuerda que yo, Apolinario, estuve en todos tus momentos más difíciles, ahora es cuando más quiero ayudarte -dijo Alticia, compungida.
— Alticia, no puedo reconocerte nada, tampoco me interesa; si estuviste es porque así lo decidiste. No te obligué. Pero aun así estarás a mi lado, porque me conviene. Deberás estar muy atenta con mis enemigos, ésa será tu función. Puedes estar al lado y también en mi lecho, pero eso no te dará derecho a más. Así lo he decidido. Lo tomas o lo dejas -resolló Apolinario.
— Lo tomo, Apolinario -respondió Alticia, sin pensarlo
dos veces.
— Bebamos un buen licor y salgamos a caminar -propuso Apolinario.









