NOVELAS
Carroña GAC
Por Alexis Oliva
Periodista de Córdoba
Antes de hablar, tengo que decir unas palabras. Lo que me toca hacer puede ser contraproducente para este texto, si lo pensamos como un discurso social dotado de cierta energía liberadora. Porque tengo que presentar al autor y comentar el libro. Y justamente, el principio del autor y el procedimiento del comentario son dos recursos que para Michel Foucault sirven para ordenar y controlar el discurso, para quitarle su contenido azaroso, su peligrosidad, su potencia subversiva.
O sea, con sólo decir que este texto tiene un autor que se llama Gustavo Adolfo Vaca Narvaja, constatamos en primer lugar que el texto tiene un propietario privado. Además, podemos conjeturar que por sus dos nombres de pila esta persona está obligada a la literatura, particularmente a la literatura romántica. Y deducir que por sus dos apellidos pertenece a una familia, si no burguesa, seguramente con un acceso privilegiado a la cultura. Y quien conozca algo más sobre estos dos apellidos podrá añadir que su trágica historia de práctica revolucionaria también determina o por lo menos gravita en las –heroicas o siniestras- intenciones de este enunciador, según la ideología del lector.
A su vez, el comentario es un metadiscurso, es decir, un discurso que habla de otro discurso: “Antes de hablar, voy a decir unas palabras”. El comentario, al presentar, valorar, explicar y criticar el discurso original, funciona como una telaraña de palabras que va sofocando y anestesiando la energía viva de ese discurso, en este caso, este libro.
Habiendo aclarado -a modo de antídoto- estas cuestiones, ahora sí vamos a hablar:
El autor
Me consta que Gustavo Vaca Narvaja es una persona que lee. Lee atentamente y entre líneas. También puedo dar fe –porque lo he visto hacerlo en cada una de las audiencias de la megacausa La Perla- de que es alguien acostumbrado a escribir a mano (esto es importante, porque indica que necesariamente piensa antes de escribir, cosa que no siempre ocurre en el sistema nervioso de quienes escribimos en esas máquinas en que se puede suprimir o deletear o presionar control Z con tanta facilidad).
Además, es un hombre tremendamente observador y fisionomista. Y resulta que Gustavo es médico, lo que lleva a suponer que sabe de qué manera provocar placer o dolor en los cuerpos humanos.
Gustavo es un amigo reciente. Me lo presentó alguien de quien tuve el honor de ser amigo, que al presentármelo me hizo un nuevo honor. La persona que nos presentó ya no está entre nosotros. Era alguien que mucho conocía de los poderes de los que trata este libro. Y los conocía justamente por haberlos estudiando durante muchos años y enfrentado en numerosas batallas. Se llamaba María Elba Martínez y pido –pedimos- un aplauso para ella.
El libro
Volviendo a Gustavo, si un señor con estas características me convida a leer un libro suyo, yo le doy el beneficio de la duda y lo leo, porque intuyo que va a tener narración, descripción y reflexión de buena calidad. Y así resultó ser con este libro titulado “Carroña / GAC”, la sigla de Grupo Anticorrupción Civil.
Lamentablemente, esta es una historia ficcional. Si fuera una novela de no ficción, para lectores mínimamente sensibles y con capacidad de indignación ante la injusticia y el abuso de poder, sería algo así como el sueño del pibe. Porque a las corporaciones que habitualmente son las victimarias, en esta historia les toca ser las víctimas. Literaria y literalmente, cada corporación es ajusticiada con un tiro entre ceja y ceja, lo cual muestra la vocación de servicio a la comunidad del victimario de esta historia. Sería deseable que esta sea una historia real. Parafraseando al poeta Lupercio de Argensola, "lástima grande que no sea verdad tanta justicia".
Sin embargo, el hecho de que esto no sea una investigación periodística sino una novela de ficción, nos permite por ejemplo leer una serie de tremendos diálogos que difícilmente podríamos leer en la más documentada de las investigaciones periodísticas. La construcción absolutamente verosímil de estos diálogos –que surgen de una imaginación inspirada en una profunda mirada de la realidad- nos hace sospechar que en la vida real son exactamente así.
En este libro, Gustavo Vaca Narvaja se mete con corporaciones que hoy están sanamente en el centro de las discusiones públicas en la Argentina: la judicial y la empresarial-mediática, además de la partidocracia política, que es presentada como una sierva de las otras dos.
En esta narración hay pornografía política, crímenes sangrientos, humor ácido y sexo explícito. Pero también -como introducción o corolario de cada escena- hay poesía. Y sobre todo, hay una teoría social implícita: una microfísica del poder, en el sentido postulado por Michel Foucault, en este caso subyacente al relato literario. Es un libro que tiene mucha actualidad y va a tener mucha vigencia.
Ahora sí, basta de metadiscurso y vamos al discurso:
-Lo primero que voy a leer es un monólogo del personaje Bartolomé Lleitras, heredero de un diario conservador que transformó en una corporación mediática:
"Si nos lo proponemos, podemos generar pánico, depresión, euforia, llanto o la tensión que nos urja. Podemos transformar odio en devoción, y devoción en odio. Forjamos líderes de bronce en dos días; pero también los convertimos en cenizas en el mismo tiempo. Podemos someter todo talento independiente. Los periodistas, intelectuales, analistas... deben convertirse en una amorfa masa de trabajadores sometidos, subordinados y serviles. Aquellos que por voluntad y utopías románticas no acepten las reglas de juego, tenemos forma y poder para aplastarlos inventando historias con falsas pruebas, acusaciones sin respaldo pero efectivas. Total, una mentira cien veces repetida se transforma en verdad absoluta y aceptada. Tenemos esta manera sutil de colocarlos bajo nuestra tutela. Somos el nuevo poder. Quizás el único de este siglo veintiuno que goza de impunidad absoluta".
-Lo segundo es un fragmento narrativo de uno de estos actos de justicia:
"-¿Acaso no es usted el gran Marcos Poncio? -preguntó socarronamente el número 8 acercándose a la oreja derecha de Marcos.
-¡Sí, lo soy!
-¿Es usted quien paga dinero de coimas a personajes que Valdivias compra?
-¡Sí, pero yo no tengo nada que ver, sólo cumplo órdenes! ¿Qué quieren de mí?
-¡Naa, muchacho... nada más que tu vida! Una pregunta antes... ¿Te gustan los fiambres?
Un balazo en la frente inmovilizó a Marcos. El orificio terminó con su vida. Marcos Poncio quedó sentado en el sillón en una permanencia tan natural, que parecía extraño que no continuara hablando y defendiéndose. El número 8 acomodó los brazos prolijamente sobre los bordes del sillón. Abrió las manos dejándolas en descanso sobre la punta. El número 6 colocó el papel blanco con las letras en rojo GAC, CORRUPTO Y DEGENERADO. Ambos limpiaron con detenimiento perillas de la puerta, vasos que habían utilizado y levantaron colillas de cigarrillos. Se fueron, cerrando cuidadosamente la puerta. No hallaron a nadie en los pasillos mientras llegaban a la puerta de salida, donde cada uno tomó su camino.
-No nos veremos más, compañero. Suerte.
-¡Nunca más! Misión cumplida.
Ambos desaparecieron lentamente, sin mirar atrás, entre las sombras y el bullicio incipiente de la ciudad nocturna".









