NOVELAS
Abú y Las Mil y Una Bombas
LA GUERRA INVENTADA POR EE.UU. CONTRA IRAK
—¡Gloriosos mártires de Alá! —expresó Khalid emocionado, invadido de un temblor delicado y encandilado por las palabras sabias de Abú. Y totalmente de acuerdo, se ofreció como voluntario en la nueva gesta.
El murmullo de los que rodeaban a los dos hombres aumentó hasta que manifestaron en voz muy alta su determinación de apoyo. Tras lo cual Abú sentenció: ―¡Silencio!... para escuchar el canto de los pájaros, los truenos y el ruido de las cascadas. ¡Silencio! para escuchar la palabra, la risa y el llanto. ¡Silencio! para entregar mi dolor y mi sed de venganza. ¡Ah palabras mudas! ¡Oh, sonidos hirientes! ¡Cubran mi cuerpo con una túnica invisible hasta que deje de llorar!‖
Los hombres que rodeaban a Abú y Khalid hicieron ahora gestos silenciosos de solidaridad. Luego, saludaron con una leve inclinación de cabeza y se fueron retirando seguros de haber escuchado palabras sabias del ejemplo. No hay fantasmas a quien escuchar y tampoco, contribuir a formar vacíos en las noches negras de luz. Pero todos se llevaron un mensaje claro, encontrado por casualidad en la entrada de un hammam, que aún conservaba parte de su arquitectura, pese al deterioro ocasionado por las bombas.
Khalid fue testigo de esa matanza y si decidió relatar el episodio con detalle a su amigo, fue porque la angustia de Abú crecía con la incertidumbre. Khalid fue siempre un busca vida, un trabajador de la oportunidad; un hombre que desaparecía en las sombras con una magia reconocida como única. Vivía en una habitación muy humilde en los suburbios de Bagdad y el reencuentro con Abú conmocionó su vida. Ambos provenían de esas aldeas flotantes y en su infancia apostaban a la rapidez de sus canoas para recorrer los canales por largos kilómetros.
PARTE 1
PARTE 2










